En 2024 lideré la organización de TEDxUAI Santiago 2025 bajo el tema "El dilema digital". Conseguir sponsors, armar el equipo, curar speakers, vender entradas, llevar el evento a cabo. Mil cosas pasando al mismo tiempo, sin presupuesto inicial, con un equipo voluntario que cambiaba cada semana.
Mirándolo en perspectiva, organizar un TEDx fue lo más parecido a emprender que he hecho — incluso más que mi startup. Acá las cuatro lecciones que me llevé.
1. El primer "sí" cambia todo
Cuando partes desde cero, todo es teórico. No tienes equipo, no tienes sponsors, no tienes evento. Solo tienes una idea y tu palabra. La psicología del "primer sí" es brutal: una vez que alguien creyó en ti, los siguientes son exponencialmente más fáciles.
Por eso, tu primera reunión importa más que las próximas diez. No vayas a vender — ve a aprender qué le mueve a esa persona y a contar tu historia con honestidad. Si conectas, ese sí te va a abrir las siguientes 20 puertas.
2. La narrativa importa más que el contenido
Me obsesioné meses con elegir el tema correcto: "El dilema digital". Después con cada speaker, cada slogan, cada palabra de la convocatoria. Al principio creía que estaba siendo neurótico. Pero al final entendí: la narrativa es la única razón por la que la gente se compromete con algo que aún no existe.
Sponsors, voluntarios, asistentes, speakers — todos compraron primero la idea. El contenido vino después. Si la narrativa es débil, todo el resto se vuelve cuesta arriba.
3. Sponsors no se consiguen, se construyen
Mandar el sponsor deck a 100 marcas no funciona. Sentarse con 5 personas, entender qué busca su empresa, y construir una propuesta hecha a medida — eso sí funciona.
Conseguimos los sponsors no por insistir, sino por mostrar que entendíamos su negocio mejor que la mayoría. Cada propuesta era distinta. Cada conversación, una pequeña consultoría disfrazada de pitch.
4. El equipo es el producto
El TEDx no es el evento — es el equipo que lo hizo posible. Cuando entré a liderarlo, no había producto que vender, había un grupo de personas que decidieron creer en una idea juntos.
La calidad del equipo es lo que determina todo lo demás. Inviertes más tiempo en cuidar las dinámicas del equipo que en cualquier otra cosa. Y eso vale para una startup, una consultoría, cualquier proyecto que parta sin recursos.
Las cosas grandes se construyen con un equipo pequeño que cree, antes de que existan los recursos para hacerlas posibles.
Lo que cambia para siempre
Después de organizar un evento de esta escala, las propuestas comerciales que veo todos los días me parecen más livianas. La logística es la parte fácil. Lo difícil es construir creencia desde cero: en ti mismo, en tu equipo, en los demás. Eso no se aprende en libros — se aprende empujando una idea hasta que se materializa.
Si estás emprendiendo y te identificas con esto, también puedes leer lo que aprendí cerrando mi primera startup.